Muy triste puede ser despedida. Más incluso si se quiere, pero de verdad, digo.
No cualquier “te quiero”, ni mucho menos regalitos insignificantes que sólo llenan tu cajón de aquel armario lleno de más cosas insignificantes, como por ejemplo: Yo.
Los armarios son sin duda grandes expositores de lo que algunos llamarán ” Teoría del orden” o quizás para unos más técnicos “ahorrar espacio”. A mi no me vienen a meterme cuento, si me dicen algo me lo dicen, enserio, con el mismo todo como si uno fuese a declararse a alguien, particularmente, a la chica de tus sueños.
Tampoco me van a hablar de tipos de armarios, que el estilo romántico, que el barroco, que el minimalismo, ni diantres, ni cosquillas me hacen.
Oda al armario, o quizás una simple idea que pasa por mi cabeza. Un pensamiento recurrente, lo digo porque es el que siempre me mira de frente, nunca da la espalda y siempre te pone atención. Y de bonus track, podemos decir que también eres tú, o yo, incluso podemos ser ambos.
Créeme, soy un Unicornio.
Si mis ojos no brillan cuando hablo de mis sueños, prefiero ser ciego a seguir viviendo un sueño del cual no puedo despertar.
Me crié con un sueño, maduré con amor, soñaré con el pasado, pero no es mío, es de todos, fue creado, manipulado y utilizado como arma para idealizar situaciones y terminar corrompiendo la realidad de tal forma de buscar cosas que jamás existirán o por lo menos nunca se presentarán.
This is brilliant
Por favor, no te maquilles. No vuelvas a mirarme con esos ojos delineados, ni muchos menos intentes hablar con tan dulce boca endulzada de labial. Preferiría verte cien veces partiendo antes que obsequiarte un chance, una sola oportunidad para conocerme. Eres responsable de lo mío, de aquellas miradas juguetonas, que atentan contra mi firmeza; Es una ataque mutuo. Es como dicen la películas, es “Soulmate stuff”, pero lo es, y tu sientes. Quédate lejos, no me saludes, no te acerques a estrechar mi mano, menos pasarla por la espalda de mi cuerpo, aquella que te la regalo, si quieres te la envuelvo de mil formar mágicas y con distintos bordes, sólamente para mostrarte que no me interesa tu artificialidad: es vana, y te hace sentir falsa, como un marioneta hecha en China o mil marinos en miles puertos.Te pido, que te atrevas, pero no por mi, sino porque quieres. Eres libre, mujer y bella, pero jamás mentira. Ahora, mírame, siénteme y corrómpeme, atraviesa el espacio, sólo para tocarme, y así poder darme vuelta, saludarte y decirte las mil hazañas que haría por conservar tu belleza en mis sueños, qué eres un idilio nacido desde lo más profundo del ser humano, que me pongo nervioso, que me tiento en invitarte a algún lugar, a conocerme, pero por favor, jamás vuelvas a maquillarte.
Tengo la leve sensación de que pronto vendrá la tormenta y que yo seré un tornado más atravesando sobre todo, y que no me importará, seguiré adelante pero al final me convertiré en un viento suave que soplará sobre las mejillas húmedas de alguien, una brisa fría que se recordará y que nunca podrá ayudar. Y todo ésto, apesar de mi.
Todas son ella, e incluso las que no, llevan su máscara.
Es mucho pedir un calendario que indique en que fecha todo cambió, qué día exacto se fue lo vivido y a que hora salió el vuelo de regreso al anhelo ?.
Son esos besos que no son ni fríos ni calurosos, pero siempre se recuerdan, tan sinceros que el viento los trae de vuelta con risas y llantos de un instante que fue, que se añora. Es un amor que enloquece, que mata suavemente como la hambruna o la soledad de un niño. Se persige, se miente, y maldigo la suerte de amarte a muerte, es una caricia que desgarra, un amor que no duerme, ni cesa ni muere.
Es meterse dentro de tu mente, quitar la calma y el habla, es querer sin poder, una obsesión y versos tristes. Un roce que duele.
La vida vivida, la juventud dejada y la experiencia vivida, sin duda; son el eslabón que siempre se pierden en mi pieza, mientras te extraño, te sueño y te recuerdo: Mi tierra.
La belleza sostiene en sus brazos el pecado concebido de un amor fugaz, que acabó naciendo del más mínimo instinto y el más suave roce. Ella sentada dándole la espalda al camino a casa. Él desapareció en la más oscura niebla de la ciudad de aquel otoño. En sus brazos, el arrepentimiento de una vida no deseada, la ternura de unos ojos con un futuro parecido a quien los trajo, la salvedad del infierno.
Cubierta de animales y flores, con contrastes ténues y sonrisas sin sentido. Atravesando el marco de nuestro vehículo, estaba su madre, que miraba hacia el horizonte que se movía entre mis ojos y el vidrio. Sus labios, que sintieron el dulce movimiento del pecado, su cuerpo, tan jovial como niña y tan maduro como madre, pero sin sentido alguno. Nos miramos de reojo: yo para preguntarle si valía la pena una vida llena de errores y desenfrenos y ella me insinuaba un escrito, una inspiración que se hace en éste texto.